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Escrito por: Trilce O

Cuando mi ahora ex soltó la bomba de que necesitaba un tiempo yo, naturalmente, hice lo que cualquier colombiana que se respete hubiera hecho en mis zapatos: me volví mierda. Entre los sollozos entrecortados que me causó el baldado de agua helada que me acababa de echar encima, le grité que yo no creía en tiempos ni en espacios, que esas vainas no son más que maneras gallinas de terminar las relaciones, que cómo carajos le iba yo a explicar a mi madre que podía aumentar holandés a mi lista de exes. Cinco semanas después del tan emotivo episodio, me mantengo en mi posición: no creo en los tiempos, sin embargo debo agradecerle a él que tomara la iniciativa en darnos un espacio para reflexionar y decidir como dos adultos (es decir sin grito y pataleta) que no éramos el mejor combo.

¿Por qué no creo que las pedidas de tiempo y espacio?

  • Si alguno de las dos, o ambas personas envueltas en una relación sienten la necesidad de estar lo más lejos posible de su pareja para saber si la quieren, la respuesta es bastante obvia. Lejanía y amor son dos conceptos que fundamentalmente se contradicen, por eso llevar relaciones a larga distancia es tan jodido.
  • En la gran mayoría de los casos él/la que pide tiempo ya tiene media pata por fuera y o está haciendo el proceso más sencillo para sí mismo o cree estar haciéndole un favor a su pareja suavizándole el asunto. En cualquier caso lo que hace es alargar lo inevitable y alargarle la agonía de la espera y una esperanza que tiene cara de miedo.
  • En muchísimos casos quien pide tiempo tiene ganas de ensayar la vida de soltero, de ver si las cosas le funcionan con algún nuevo prospecto o simplemente de ver qué tal le va pescando. Si no encuentra nada mejor, regresa, pero honestamente, ¿quién con mediana autoestima quiere ser segunda opción?
  • Una de las cosas maravillosas de las relaciones es la noción de que es “invencible”, ojo, dije noción, no realidad. En esta vida nada es para siempre y las relaciones no son la excepción, aún así cuando uno está medito de cabeza con alguien siente que lo que se tiene es irrompible. “Necesito tiempo y espacio porque esto o lo otro de la relación no me funciona” automáticamente nos devuelve a la realidad de que la relación sí tiene límites, sí se puede acabar y aún si después la vaina se arregla siempre quedará el “gusanito de la paranoia.”

¿Por qué agradezco que él haya pedido un tiempo?

Empecemos por aclarar que he pasado unas semanas de mierda. Desde la noche en la que mi ex me dijo (sin aviso ni señal de lo que se me venía pierna arriba) que necesitaba tiempo para pensar porque no se sentía bien con la relación, he llorado, tenido terapia “psicológica” con mis amigos por Facebook, me he peleado con mi madre, me quedé sin casa (yo vivía con él), he prendido velas, he meditado, he pasado de creer que todo estaría bien un segundo a confiar a ciencia cierta que todo se iría para el carajo el siguiente, volví a tener sesiones semanales por Skype con mi adorada psicóloga colombiana y he invadido temporalmente la casa de mi hermano y mis amigas. Pero al final, el tal tiempo he hizo dar cuenta de que él, por más buen tipo que sea, no es el tipo para mi, y no lo había sido nunca.

A lo largo de mi relación el “gusanito de la duda” aparecía y desaparecía constantemente porque aunque mi ex tenía cosas maravillosa y fue mi primera relación sana, balanceada y madura en mucho tiempo, algo dentro de mi decía que no era la relación para mi. Pero cuando uno tiene a su lado a un hombre guapo, respetuoso, educado, cariñoso, con una familia adorable…lo menos que puede hacer es un esfuerzo para quitarse al tal gusanito de encima.

Al final, cuando dejé de simplemente esperar a que él tomara una decisión y me tomé el trabajo de enfrentar la que yo llevaba evadiendo por mucho tiempo llegué a la algo triste pero sana conclusión de que él merecía que lo amaran tal y como es, y yo igual. Por ende no éramos buen combo.

Cuando al fin me llamó a compartirme su decisión, yo ya había tomado la mía y así pudimos tener una conversación de cierre como había sido la relación (la mayoría por lo menos), tranquila, madura y positiva. Al final no puedo más que agradecerle mentalmente por haber pedido ese tiempo, que aunque doloroso, probó ser la forma más efectiva (en este caso particular) de decirnos adiós.

Eso si, me mantengo en mi posición, no creo en los tiempos y os espacios. Creo que cada individuo debe buscar sus momento íntimos e individuales de desarrollo y construcción, aún estando dentro de la pareja, pero creo también que cuando hay amor y bases sólidas los problemas se resuelven lo más pronto posible y entre los dos.

Si alguna día en la vida me volvieran a pedir tiempo y espacio…

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¡Lección aprendida!!

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