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Escrito por: Trilce O

Parecería obvio, ¿no? Del listadón de cosas que le “toca” a uno hacer en la vida (llámese odiado trabajo, desagradable limpieza semanal del baño o el absurdo mundo de la clase de estadísticas) el sexo, el amado y placentero sexo no debería hacer parte- en lo más mínimo. Pero lo hace, para muchas, en muchas ocasiones y por razones “todas muy válidas”. Aún estamos a tiempo de sobarnos el corazoncito, apretar las piernas y enmendar el camino. Estas son mis razones por las que no debemos, nunca jamás (o de nuevo) tener sexo cuando no queremos:

  • La sensación posterior es horrible, es algo cercano a una violación. Si lo pensamos en una violación con consentimiento. No que nuestra pareja lo supiera- mira que somos buenas actrices. Pero tener sexo contra nuestra voluntad, es invitar a un acto que realmente no queremos. Así nos sacudamos el hombro y “vaciemos” la memoria, la heridita queda y si nos permitimos sentirla, duele.
  • Sí él se va a ir, se va a ir de cualquier manera. Si bien es cierto que yo soy de las primeras en gritar que una pareja sin sexo no es más que una linda (o en ocasiones ni tan linda) amistad- sí tu relación se basa únicamente en el sexo, si mucho es un booty call. Si accedes a tener sexo más de las veces que quieres o en circunstancias que no te parecen por miedo a que él “se aburra y se vaya” es hora de mirar con lupa si realmente te conviene quedarte con el adefesio ese que te ve sólo como un objeto sexual. Claro, también está el caso de que el temor provenga de tu propias inseguridades en cuyo caso el diálogo debe darse contigo misma.
  • Si bien es cierto que el sexo es el mayor placer que existe (para mi y los demás humanos semi cuerdos que conozco) hay veces que es uhmm… Ahí, promedio, regular, tres cuartos: no hay tanta energía, él se viene muy rápido, se pasan por la pelota el juego previo, tu mente repasa la lista de to do’s de la oficina. En fin. Cuando se tiene sexo sin querer, se le quita a propósito de placer al placer mismo. Autogol en la final del mundial.
  • Pocas cosas son tan aburridoras como hacer algo que a uno no le gusta, más si es repetitivo. Entré más me obligaba mi madre a estudiar para mis exámenes de matemáticas cuando chiquita, más odiaba los números, al punto de que hoy en día las sumas y restas (sin mi iPhone) me producen urticaria. Mi mamá tenía buenas intenciones, pero en tu caso ¿dime en que te beneficia obligarte a hacer algo cuando no quieres?
  • El habito se vuele la norma y se pierde la capacidad de diferenciar. De tanto tener “sexo forzado” puedes terminar por asumir que eso es el sexo, punto. Relacionarás el sexo con molestia, monotonía, movimientos mecánicos y ausencia de felicidad y placer. Pensar en que este sea el escenario sexual de alguna de nosotras me da tristeza. ¿A ti no?
  • Mentir no es una buena base para una relación de pareja. El pretender que quieres tener sexo cuando en realidad preferirías caminar sobre un tapete de puntillas, no sólo te daña a ti, daña tu relación con el otro y el tan necesario espacio de confianza.

Se que no nos enseñaron a decir no, da pena decir no sin parecer grosera o cortante. A mi misma me tomó tiempo aprender a decir “no” de una manera sincera, tranquila, firme pero sobretodo convincente. ¿Pero sabes qué? Tenemos todo el derecho y el deber de decir no al sexo, cuando no lo queremos, igual que nos negamos a tomarnos ese trago extra antes de manejar o a comernos un pedazo de pescado al que somos alérgicas. Just say no, you’ll enjoy it much more when you mean that yes.

Foto: Thinkstock

2 comentarios

  1. Lola dijo:
    3/10/2014

    Muy cierto, el vacio despues de hacer algo sin en relidad querer es fatal.

    Me encantan tus articulos.

    • Trilce Ortiz dijo:
      3/10/2014

      Si, ¡es fatal! Y es que en serio no nos enseñan a decir que no, nos toca auto enseñarnos. Que rico que te guste lo que escribo, es para ustedes 🙂

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