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Escrito por: Trilce O

Amo a las mujeres, soy una de ellas, aún así hay varias ocasiones en donde no me las soporto. Cuando de escoger (casi cualquier cosa) mi género me llega a la coronilla. Es la indecisión entre dos chaquetas exactamente iguales, una con cremallera y otra con botones, lo que me hace evitar a toda costa acompañar a mis amigas de compras. Es más, las extensas líneas en los fitting rooms, la pelea sobre la misma camiseta y la incertidumbre sobre qué pieza dejar cuando no tienen dinero suficiente a la hora de pagar, son todas razones que me mantienen lejos de las tiendas. Punto. Que viva el online shopping. Cuando de escoger pareja, o potenciales de pareja, la vaina se torna de castaño a oscuro: es inteligente pero tiene panza, es fiel pero gana poco, es alto pero se viste extraño, me encanta pero es demasiado bueno. Insisto, nos amo, pero a veces no nos soporto.

Si hay algo de lo que no tengo ni pizca (bendición de nacimiento) es de santa, por lo que no voy a pretender que no se me escurren las babas cuando fantaseo con uno de los deliciosos bad boys: por mi que Colin Farrell y Jude Law se unan para secuestrarme, Christian Bale haga preguntas y Eminem me torture. Juro que si me ponen a ver directamente a los ojos de Jonathan Rhys Meyers no opondré la más mínima resistencia. En ejemplos más tangibles, casi toda mujer mayor de 25 recuerda uno (o un par) de chicos malos que llegó a su vida como huracán, dejándola despelucada, confundida y, esperamos, sexualmente satisfecha.

I get it, bad boys are hot. Sin embargo los años pasan, las prioridades cambian y la búsqueda por un amor tranquilo, sano y duradero se hace cada vez más eminente. Ahí es donde me dejan boquiabierta “me gusta pero es demasiado bueno”, una frase que logra sacarme de casillas y contexto. El chico es medianamente guapo, pero no se las quiere echar a todas; es inteligente sin rayar en pretencioso; te guía pero no te manda; no está de acuerdo contigo en todo, pero no te pelea; se viste como un adulto y te quiere infinito, sin morirse por ti, ni hacer escenas melodramáticas.

¿Dónde está el problema? Los bellos chicos buenos, con sus años de madurez y sus deseos de una relación estable, terminan siendo los mejores amigos de las chicas lindas, que siguen persiguiendo patanes y lamiéndose los corazoncitos cada vez que se los rompen algún chico de “chaqueta de cuero”. Los chicos malo son guapos, pero el cuero se cae; los chicos malos son totalmente capaces de procrear, pero no esperes a que sean papás; los chicos malos se enamoran, cada cinco minutos y sin aviso previo; los chicos malos maduran y cambian, pero no lo harán por ti ni tiene sentido que te jodas la vida esperando. Los chicos buenos, son buenos y también les gusta el sexo.

Algún día aprenderán, puedo esperar, que la adrenalina del drama es tan efectiva en el amor, como trabajar en una licorera cuando se es un alcohólico recuperado. Deje de quejarse tanto mamita, y deshagas del friend zone, antes de que llegue otra pila y te vuele al “buenito” que valía toda la pena.

ADVERTENCIA: Mirar directamente a sus ojos hará que este blog pierda todo el sentido. 

el-chico

Fotos: Thinkstock/Jonathan Rhys Meyers Facebook

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