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Escrito por: Trilce O

Antes de que sigas leyendo debo advertirte que recientemente me han sido infiel. El dolor de que me hubieran puesto los cachos sigue vivo y eso hace que este blog tenga cero de objetividad, pero también lo hace completamente honesto y real. La decisión de volver o no con un infiel es personal y mi consejo es que hacerlo es un gran error.

Enterarse de que la persona que amas, aquella que te miraba a los ojos y te juraba que eras la mujer de su vida, la misma con la que habías pasado infinidad de momentos, que habías presentado con familiares y amigos, en la que confiabas con cada célula de tu cuerpo te fue infiel es un dolor horrible, tal vez de los peores que he sentido en mi vida. La mezcla de confusión, humillación y desamor hacen que pierdas el sentido de lo que es importante, el valor de ti misma y comiences a mirar al mundo a través de un vidrio de absoluta desconfianza. Si la persona que amas y dijo amarte es capaz de herirte de esa manera, ¿qué puedes esperar del resto?

Después de dos semanas de vacaciones, sol, playa y amor de mi familia, regresé a Nueva York a la realidad de que mi relación se había acabado, de la mano con la idea de que tenía a mi lado al hombre más maravilloso del universo. Con el pasar de los días, y tras un alto consumo de alcohol y terapia con mis amigas reafirmé que la infidelidad no fue mi culpa, pero si lo sería si lo volvía a recibir.

Muchas mujeres a las que nos han montado cachos entretenemos la idea de que si los perdonamos, tendremos a nuestro lado a hombres maravillosos y devotos que frente a la realidad de perdernos aprendieron su lección y nunca lo volverán a hacer. Imagino que la fórmula de que las parejas se vuelven más fuertes después de una infidelidad ha funcionado para algunos, pero no fue mi caso. Hace un poco más de un año me enteré de la primera infidelidad de mi ex pareja y lo perdoné, sólo para enfrascarme en una rutina de desconfianza, disculpas, traiciones y perdones que por fin decidí acabar.

A mi nunca me habían sido infiel antes, o si lo fueron por lo menos no me di cuenta. La primera vez que encontré los mensajes eróticos entre el personaje de esta historia y una mujer, sentí que el mundo se me iba al piso. El ardor que nacía en el estómago se acumulo en mi garganta hasta estallar en un caudal incontenible de lágrimas. Sentí rabia, mucha rabia. Duré varios días separada de él, pensando entre muchas cosas que tal vez había fallado como novia y eso lo había llevado a él a buscar otras distracciones. Algunos de mis amigos cercanos me convencieron de que había sido un error de su parte y que seguramente ya aprendería la lección. Yo no podía siquiera imaginarme mi mundo sin él, así que lo perdoné, finalmente somos sólo humanos que cometemos errores, pensé.

Durante meses la relación no fue más que un sube y baja de los recuerdos de aquel mensaje, el pavor de pensar que lo estuviera haciendo de nuevo y el esfuerzo de ambos para que las cosas volvieran a estar bien. Me convertí en una compulsiva que chequeaba su teléfono, Facebook y mensajes constantemente. Él aguantaba paciente, esperando a que yo volviera a confiar en él. Paulatinamente dejé de acosarlo con preguntas, a demandar que se reportara a todas horas del día y las cosas adquirieron de nuevo cierta calma.

Meses después encontré mensajes semi románticos entre él y varias mujeres, y tras el dolor y las lágrimas iniciales, decidí ignorarlos dándome a mi misma todo tipo de excusas: las mujeres vivían en otros países, él no me estaba siendo infiel físicamente, solo necesitaba algo de atención. Me obsesioné con la idea de que debía ser una mejor novia, de que el problema era yo.

Hace un par de semanas encontré el mensaje que me dio el impulso para decir “¡ya no más!”, mientras yo dormía a su lado, él le mandaba poemas románticos a una chica y le negaba tener novia. Todo mientras estábamos de vacaciones feriadas con mi familia entera. En esta ocasión la razón le ganó al dolor y al miedo de quedarme sola. Bien dice el dicho “mejor sola que mal acompañada”. Así acabó una relación que estuvo guiada en gran parte por un sartal de mentiras y engaño y puedo decir que aunque no me arrepiento de nada de lo vivido, hubiera deseado no perdonarlo la primera vez que me fue infiel. El problema no fui yo, nunca lo fui, el problema está en él y es algo que yo no podía solucionarle a punta de mismos y cariñitos.

  • La infidelidad acaba con el fundamento de cualquier relación, la confianza, y a menos de que tengas alma de detective privada, perder el sueño pensando en qué hace tu pareja cuando no están juntos o revisando su teléfono cada cinco segundos no es forma sana de vivir.
  • Los infieles pueden cambiar, pero rara vez sucede, si lo recibes de vuelta existe la enorme posibilidad de que lo vuelva a hacer. Soldado advertido puede morir en guerra.
  • Desafortunadamente las mujeres hemos crecido en sociedades que nos enseñan que un compromiso (sobretodo si se trata del matrimonio) es para toda la vida, que perdonar y aceptar es parte de nuestra labor como compañeras e incluso que si el hombre falla es probablemente nuestra culpa. Piensa lo que haría él si te pesca a ti poniéndole los cuernos.
  • Pregúntate a ti misma ¿qué ha cambiado desde la infidelidad? Si piensas que las cosas van a mejorar por arte de magia y que él simplemente va a dejar de ser infiel, sólo estás engañándote a ti misma. Puede ser que él necesite ayuda para superar sus continuas infidelidades, para eso existe los psicólogos y grupos de apoyo, no las novias.
  • Se trata de poner un ejemplo. Como bloguera creo que es parte de mi labor entregarle a las mujeres el mensaje claro de que se amen y respeten a ellas mismas. Creo que lo mismo aplica para cualquier mujer que tiene hijos, hermanos o amigos a quienes sirve de ejemplo.
  • Es mi creencia fiel que de alguna manera todos los seres humanos somos maestros. Si recibes al personaje de nuevo le estarás enviando el mensaje de que lo que hizo está bien, y abriéndole la puerta a que lo haga de nuevo. Lo se por que a mi me pasó una y otra y otra vez.
  • Todo pasa, si le das el tiempo. Parte del dolor de enfrentar una infidelidad es saber que te vas a quedar sin esa persona a la que amas tanto, pero es primordial recordar que el primer amor debemos ser nosotras mismas. El dolor que sientes ahora no va a durar toda la vida y si te lo permites te demostrarás a ti misma la fortaleza interior que posees.
  • Si crees que el va a cambiar una vez se casen o tengan un hijos, solo estás abriendo la puerta a agregar más complicaciones a una situación escabrosa.

Piensa en tu historia personal de infidelidad y decide qué le dirías a tu hija (actual o futura) si ella te preguntara si debes darle otra oportunidad. En medio de la oleada de lágrimas que aún van y vienen agradezco infinitamente la capacidad que tengo de amar y escojo darme ese amor a mi misma por encima de todas las cosas.

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