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Escrito por: Trilce O

Perdí dos horas de mi tiempo anoche, creo que se me lastimó la vista y definitivamente los oídos y más que nada escribo esto para evitar que ustedes también las pierdan. Ayer me senté como invitada de la prensa a ver Fifty Shades of Grey y durante la mayoría de la proyección no pude evitar pensar qué la humanidad parece no avanzar: más de 100 millones de lectoras, mayoritariamente, mujeres se leyeron con ávida voracidad la trilogía de E.L. James. Yo estuve entre ellas.

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A mi el libro no me gusto en lo más mínimo, eso se los conté hace un par de años, me pareció pobremente escrito, repetitivo y realmente falto de imaginación. La falta de creatividad en la narrativa de las escenas sexuales me hizo pensar que, aunque se trata de ficción, seguramente la autora no tenga una vida sexual muy entretenida. Sobretodo me mató de la rabia que lo promocionaran como una pieza de literatura erótica porque no lo es, por lo menos a mi no logro excitarme en lo más mínimo. Como dije han pasado un par de años desde que me leí el primer libro sin poderme detener, el segundo con más mesura y el tercero simplemente por terminar la labor comenzada. Mi visión del mundo y sobretodo de mi papel como mujer en él, han cambiado significativamente. Desde esta nueva y permanente perspectiva me da rabia profunda que Fifty Shades of Grey haya sido escrito por una mujer.

Dejando el libro atrás, voy a concentrarme en la película que se estrena en los teatros este fin de semana, como “regalo de San Valentín” Aunque la cinta es la copia casi exacta del libro, bien dicen que una imagen vale más que mil palabras y 12 horas después, aún me duelen los ojos…Y el alma. Las 50 sombras de Grey, no son más que una telenovela moderna, llena de referencias que se nos hacen comunes como el Space Needle de Seattle, los computadores Mac y la vida universitaria. El concepto, sin embargo es exactamente el mismo: un hombre joven, millonario, atormentado e imposible de cazar (en este caso por sus traumas psicológicos de infancia, whatever) queda cautivado a primera vista con una chica de clase trabajadora, virgen y completamente inocente, y la acecha hasta que logra convencerla de ser suya, bajo sus más estrictos parámetros y condicionamientos. Claro que entiendo lo atractivas que son las relaciones con los chicos malos, y el deseo que genera en nosotras de “rescatarlos”, lo entiendo completamente porque hasta hace poco más de un año, yo me había convertido sistemáticamente en una clínica fallida de rehabilitación para casos perdidos. La verdad de es que esa idea del amor instantáneo, obsesivo, manipulador y sufrido, no la vienen sirviendo con copas de champaña y viajes espontáneos a lugares paradisiacos por décadas, y nos la hemos comido y nos la seguimos consumiendo, sin notar lo terrible de dichos “amores”.

¿Que alguien me explique cómo en pleno siglo XXI una chica universitaria joven, a punto de graduarse de literatura, puede ser tan desconectada del mundo, carente de personalidad, falta de carácter y evidentemente sin una gota de imaginación? No es como que Anastasia viva en un pueblo de 100 habitantes en medio de la nada. Con sus logros personales y académicos me es difícil entender que se sienta tan poca cosa, y aún cuando muchas podamos reflejarnos en un personaje falto de autoestima, estoy harta de ver que la solución para cualquier problema de una mujer sea un hombre que tome el control.

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Eso es precisamente lo que Christian Grey hace, tomar el control, más allá de lo que me parece personalmente aceptable o atractivo: es Grey (o en su defecto el chofer) quien escoge la ropa de Anastasia, él mismo es quien decide cuando la desea y cuando las excusas de su infancia traumática son suficientes para alejarla, es él quien decide qué debe comer Anastasia, qué doctor debe visitar y cómo debe manejar su tiempo. Es Grey quien sólo siente placer en su papel de dominador, sin importar mucho cómo funciona esto en el universo de Ana.

Si se mira con profundidad, Fifty Shades of Grey es una ovación a la violencia doméstica donde el personaje de Grey manipula los sentimientos de la confundida y “pequeña” Anastasia, es incapaz de ofrecerle intimidad, pero llena los vacíos emocionales con regalos materiales costosísimos y a un mes de conocerla controla minuciosamente cada uno de los movimientos de la chica, que alguien me explique qué tiene todo esto de atractivo. Quienes han logrado dejar atrás una relación violenta o controladora, saben de sobra que no hay sensación más degradante que perder el control sobre su propia vida.

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La relación entre Anastasia y Christian no podría ser más disfuncional, ¿por qué confía ella su vida a un hombre a quien apenas conoce un par de semanas? ¿Por qué es aceptable que ella permanezca en una relación que no sólo no la satisface emocionalmente, sino que la hace sentirse incómoda y la hace llorar? ¿Por qué es la responsabilidad de ella adaptarse a los deseos de Grey, sólo por querer estar con el hombre que “ama”? ¿Cómo carajos se ama verdaderamente a alguien en un mes, sobre todo cuando este se niega a establecer ningún tipo de intimidad real o a compartir nada sobre su vida? ¿Por qué seguimos convenciendo a las mujeres de que aguanten relaciones que no las satisfacen con la expectativa de que él cambie?

Incluso desde el aspecto sexual, quitando el “novedoso” ángulo de dominador y sumisa, el asunto no mejora. El juego previo es casi inexistente y más bien aburrido, y aunque Anastasia sea virgen la idea de que una mujer se excita con dos besos en el cuello (así el hombre sea todo un bombón) me hace pensar en el pobre trabajo de exploración sexual que tiene la pornografía tradicional. Es cierto, Anastasia no tiene ninguna otra experiencia sexual con que comparar lo que vive con Christian, pero la película y el libro se hubieran podido tomar la molestia de explorar unos encuentros sexuales más balanceados, menos monótonos y definitivamente menos repetitivos. Si dejamos de lado los látigos, las esposas y los consoladores, el concepto de exploración y juego sexual de Fifty Shades es bastante pobre.

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No puedo asegurar a ciencia cierta que la audiencia de anoche en el teatro se reía como yo de lo adolescente de los diálogos y lo ridículo de ciertas escenas, me voy a atrever a decir que (mayoritariamente) si. Aunque finalmente Anastasia acabe la película con la puerta del elevador cerrándose, cuando ella al decide al fin dejar a Christian, todas sabemos que volverá, al fin y al cabo hay dos libros más que cubrir. La que no regresará seré yo, que me niego a matarme neuronas, pero sobretodo a seguir apoyando el concepto de que el amor verdadero es pasional y adolescente, que no se construye sino que se siente en dos segundos pero sobretodo que las mujeres somos menos que seres poderosos y fuertes con capacidad y deseo de tener una vida romántica y sexual plena.

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