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Escrito por: Trilce O

No voy a ponerle fecha de inicio al movimiento anti-flacas porque no la tengo, lo que si es que en mis casi adictivos patrones de consumo de social media y páginas web (tengo excusa, soy online editor y bloggera) comencé a notar el culto a las mujeres con “cuerpos normales”. Buzz Feed rodaba un artículo sobre las princesitas de Disney con cinturas humanas (y se da uno cuenta de que las berracas muchachitas son en realidad bastante desproporcionadas); el libro de fotografía de Jade Beall A Beautiful Body Project: The Bodies of Mothers que muestra imágenes de mujeres normales y corrientes (es decir no super models y actrices) después de haber tenido hijos se vendía como pan caliente; yo misma escribí feliz un artículo criticando a la industria de la moda por considerar a la mamacita de Myla Dalbesio una modelo plus size. ¡Claro! Yo estoy súper de acuerdo con que dejen de vendernos a todas la imagen de mujer perfecta, delgada, sin medio punto de celulitis y tetas paradas que tienen la minoría cuyo trabajo es lucir como un lulo. Pero me parece que el asunto se ha pasado de castaño a oscuro y a mi personalmente se me ha llenado el vaso. Estoy cansada de que se la monten a las flacas.

De acuerdo con la National Eating Disorders Association el 81% de las niñas de 10 años tienen miedo a ser gordas, es decir en una edad en la que las chiquitas deberían estar jugando y soñando con ser bailarinas, astronautas o lo que sea que quieran ser, la gran mayoría de ellas está ya pensando en encajar en el deformado estándar de belleza impuesto por la sociedad.

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La organización Eating Disorder Hope estima que entre el 1 y 4.2% de las mujeres del mundo han tenido en algún momento de sus vidas un desorden alimenticio y solo un tercio de quienes sufren de anorexia han recibido algún tipo de tratamiento.

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Nadie está negando lo complicado que es para una niña pararse toda la mañana y querer comerse el desayuno (¿nutritivo y balanceado?) que le preparan en su casa, cuando el tema de conversación con sus amiguitas es lo gorda o flaca que está zutana o mengana. Aunque las industrias de la moda, la belleza y la publicidad se hagan los de la vista gorda- es difícil sentirse cómoda con el cuerpo promedio de la mujer de Estados Unidos (5’4/ 165 libras) cuando la símbolo de la belleza nacional, Miss America (5’7/ 121 libras) es un palo ambulante.

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Pero pasar de ahí a asumir que cualquier mujer delgada tiene un desorden alimenticio, se ejercita demasiado, tiene la autoestima por el piso o usa drogas es exactamente igual a apuntar el dedo a una mujer gorda y acusarla de tragona y sentenciarla a una vida llena de fallas en su salud- en ambos casos sin tener más historial que la foto de una revista. ¿Acaso no han oído de Photoshop?

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Las flacas también están cansadas de que las llamen anoréxicas, les rueguen que pidan ayuda (en el mejor de los casos) y les extiendan la invitación a comerse “una hamburguesa de McDonald’s, por el amor de Dios” (en algunos de los peores). Si Dios existe y sabe lo que hay en una de esas cheese burgers no andaría invitando a nadie a comerse una.

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Hay mujeres que, así nos muramos de la envidia las menos “bendecidas”, tiene un metabolismo casi alienígena que les permite comer casi lo que les da la gana sin engordar media libra. Recuerdo a mi amiga de infancia, Luisa, alias “la flaca”, su mamá tenía una fábrica de empanadas y pasteles que “la flaca” se la pasaba devorando. Encima de eso puedo decir que jamás en mi vida la vi hacer ejercicio, pero si dormir hasta las 2 de la tarde los fines de semana, después de haberse emborrachado la noche anterior. No subía media libra. Si alguno de los trolls de Facebook hubiera visto su foto, la habría clasificado de anoréxica.

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Hay otro grupo de flacas que no son genéticamente bendecidas, pero que si están llenitas de convicción y no sufren de mi muy conocida madre pereza. Estoy hablando de las que comen de todo, pero hacen ejercicios súper juiciosas porque si, digamos que compraron el estereotipo de belleza actual (no hay que olvidar que entre los siglos XV y XVII ser gorda era lo hot) y les gusta estar delgadas, ahí se la sudan. Bien por ellas.

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Incluso si pensamos que las hermanas Olsen sufren de algún desorden alimenticio, insultarlas, llamarlas enfermas y (de nuevo) pedirles encarecidamente que se coman una hamburguesa, sólo nos hace parte del paquete de detestables seres humanos que anda por ahí criticando el resto, sin saber nada de su historia, sin primero mirarse a sí mismo, pero sobretodo sin entender la raíz de aquellos comentarios malintencionados.

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Estoy completamente a favor de que nos eduquemos sobre la terrible realidad que son los desordenes alimenticios y tengamos nuestros ojos y oídos abiertos para ayudar a alguna chica que pueda estar sufriéndolos. Parte de mi trabajo como editora es promover la imagen de mujeres de todas las razas, estaturas y contexturas. Con lo que no estoy de acuerdo es con que ahora exista una definición estricta y limitan de lo que es un cuerpo normal, o de que a las flacas (o gordas, o altas, o bajas, o blancas, o negras, o…) se las haga sentir que no tienen espacio en la diversidad de este planeta. ¡Las flacas también son bellas!!

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PS: De verdad, ¿por qué está todo el mundo obsesionado con las hamburguesas?

 

 

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