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Escrito por: Trilce O

“Las mujeres viven alegando que sus parejas no las satisfacen en la cama. Ni que uno fuera adivino para saber lo que le gusta a cada una”, se quejaba en una conversación por Skype un amigo mío que, como la gran mayoría del género, se está enloqueciendo tratando de hacernos felices- a las mujeres. El mundo seria una maravilla si cada una de nosotras viniera con un “manual de satisfacción” pero como no, hace parte de nuestra responsabilidad sexual decirle (ojo, no hacerlos sentir como incompetentes sexuales) a ellos qué hacen bien y qué pueden mejorar- después de todo el mejor aprendizaje viene del error- O ¿la práctica hace al maestro? Estas son algunas de las cosas que la mayoría de nosotras nos gustaría que los hombres NO hicieran en materia de sexo:

  • No, realmente quiere decir NO

Esto puede ser algo confuso, lo sé. Toma práctica, paciencia y conocimiento el determinar cuándo las mujeres decimos no queriendo decir que sí, cuándo buscamos que nos rueguen para hacer algo que ya queríamos hacer o cuándo la palabra (finalmente) adquiere su significado verdadero y expresa una negativa rotunda. Cuando se trata de sexo no, suele ser no. Si estás ensayando una nueva posición y ella te dice que no le gusta, no comiences a darle con más energía como si fueras el conejito de Energizer. No es no. Lo mejor es conversar sobre las novedosas ideas sexuales antes de ensayarlas y posteriormente tratar de entender por qué ella se niega rotundamente a, por ejemplo, tener sexo anal. En el calor del momento, caballeros, escuchen el NO.

  • Las promesas se las lleva el viento

En la lista de traumas infantiles de casi todas las personas están las promesas (de regalos, vacaciones, salidas…) jamás cumplidas de los padres. Pocas cosas enfurecen a las mujeres como que nos alboroten para nada. Si estamos en una fiesta y nuestra pareja se la pasa susurrándonos al oído la maravillosa sesión de sexo oral que vamos a recibir más tarde, o nos llega un mensaje de texto al medio día diciéndonos las ganas que tienes de arrastrarnos al baño y arrancarnos la ropa para hacerle el amor… ¡Cumplan! Excitar a una mujer para luego emborracharse y quedar tirados en la sala de la fiesta o llegar derecho a dormir es infame. Si realmente no piensan hacer nada, calladitos se verán más bonitos.

  • Al grano

Los quickies existen para aprovechar el baño principal en la casa de los abuelos, celebrar un ascenso en horas extra en la oficina, cuando la maratón que acaban de correr les agotó la energía o para despedirse cuando hay poco tiempo en las mañanas. De resto tómense su tiempo, no solamente es cuestión de que a nosotras suele derretirnos el romance y la ceremonia, sino que físicamente son poquísimas las mujeres que pueden alcanzar el orgasmo a través de sólo penetración. Sí vamos a gozar, gocemos juntos. Sí una mujer casi tumba las paredes con sus gritos de placer a punta de quickies– está fingiendo vilmente.

  • Nadie nace aprendido

Pensar que se las saben todos es de las peores pretensiones que pueden tener en la vida. Generalmente no hay hombres “malos en la cama” sino malos escucha, machistas enceguecidos o penosos incurables. No existen dos mujeres iguales, por lo mismo lo que llevaba a la última a ver estrellas fugaces puede producir nada más que cosquillas en la actual (a toda costa, eviten la frase “a mi ex le gustaba…”) Preguntar no es de tontos, sino de hombres interesados.

  • Las comparaciones son fastidiosas

Este consejo es para ser aplicado a la intimidad de los universos mentales de los hombres. Todos tenemos inseguridades, y compararse con otros no ayuda. Para mi ellos deben evitar (a toda costa) pensar en: nuestro ex, en el actor que nos encanta, en el vecino papasito, en el mejor amigo (nuestro o de ellos) y en general cualquiera con quien en realidad NO exista competencia. Si estamos con ustedes es por algo, más bien asegúrense de que el “algo” se mantenga.

  • El timbre

El National Health and Social Life Survey dice que el 75% de las mujeres requerimos de estimulación en el clítoris para alcanzar el orgasmo. Para esto tanto el sexo oral como la masturbación son efectivas, pero asumir que esta extremadamente sensible zona del cuerpo femenino es el botón de excitación de la mujer y tratarlo como tal es una idea fatal: en vez de excitarnos puede hacernos daño o por lo menos dejarnos con la idea de que el “agresor” tiene el bagaje sexual de un adolescente puberto.

  • Conmigo basta

Por el mismo camino de las comparaciones, esta el miedo y resistencia que presentan muchos hombres frente a la sugerencia de involucrar juguetes sexuales. No vamos a cambiarlos por nuestros dildos ni somos “unas pervertidas” por sugerir un role play para ponerle sazón al sexo. La vida sexual es, finalmente, tan maravillosa como le permitamos ser.

Oigan… No, es no.

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