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Escrito por: Trilce O

En algún momento de mi vida mi lista de must haves para un prospecto novio era bastante corta: maloso, rapero y guapo (incluso este último podría ponerse en tela de juicio). Con los años la lista no se ha hecho necesariamente mucho más extensa pero sin duda alguna si más sabia. Aunque el tipo de música que escuche el susodicho sigue teniendo cierto nivel de importancia (si hay un Dios en el cielo evitará a toda costa que me enamore de un metalero) cosas como su capacidad de comunicación, cómo trata a sus amistades, qué tal le va de enfermero cuando me cae alguna de mis nada inusuales gripas y la pasión que siente por la vida son fundamentales. Mi lista no está completa, tampoco estoy muy preocupada con completarla, lo que si tengo clarito (sin el menor de los arrepentimientos) es el tipo de novios que no volveré a tener jamás (sí, JAMÁS).

  • Adicto:Aunque parezca obvio, no lo es para muchas mujeres y definitivamente no lo fue para mi. Cuando uno de mis ex me confesó que metía crack, no me lo tomé con la seriedad que se merecían semejantes palabras. En mi defensa debo decir que nunca antes había estado personalmente envuelta con una persona que fuera adicta al crack y es más crecí en un mundo donde la cultura de las drogas recreacionales es tan común que no haberlas probado era la rareza. Dos años y medio de lágrimas, ataques nerviosos, entradas y salidas de centros de rehabilitación para él y grupos de apoyo para mi, robos, ruegos y terapias inagotables (con amigas que estaban hartas de oírme el cuento y psiquiatras que trataban de sacarme del mismo) me dejaron en claro que si hay una competencia que no gana un tercero es la del “amor” del adicto por su droga. Es casi, casi como que la amante es uno, en una relación destructiva pero con raíces profundas. Agrego que me he vuelto bastante radical con lo de las drogas: ni yo las uso, ni quiero a mi lado a alguien que las use. Si hay algo que no estoy dispuesta a testear es el la definición de “de vez en cuando”.

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  • Egocéntrico:Hay una diferencia muy ligera y casi intangible, por lo menos inicialmente, entre alguien a quien le gusta ser el centro de la atención y aquel que honestamente se considera el centro del universo.  De los últimos he tenido un par y thank you but no thank you no los vuelvo a tocar. Bien sea que la mamita los convenció de que eran seres superiores a cualquier otra expresión de ser vivo, el complejo narcisista no les permitiera ver a los demás humanos más allá de su transicional utilidad o la hubieran pasado tan mal de chiquitos que decidieron que lo único valioso en un mundo tan decadente eran ellos mismos: NO hay cabida para armar una pareja balanceada e igualitaria.  Tal y como Narciso terminó ahogándose en las aguas del lago por enamorarse de su reflejo, los egocéntricos no tienen capacidad de empatía, y por ende rara vez ven algo de malo en sus acciones.

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  • Inmaduro:Aunque la edad tiene algo que ver con el concepto de madures, son la experiencia, el aprendizaje y la reflexión sobre el yo, lo que realmente permiten que una persona madure. Mis amigos se pueden dar el gusto de llamarme cougar y yo no puedo más que reírme del término, aunque he salido con varios hombres menores que yo (2 a 9 años de diferencia) sigo creyendo que la edad mental y la psicológica no son matrimonios perfectos. Todos hemos sido (¿seguimos siendo?) inmaduros en algún momento de nuestras vidas, el problema es tratar de armar una relación con alguien que no entiende el concepto de “nosotros”. Las eternas peleas que resultan de tratar de conversar sobre las diferencias, ese je ne sais quoi que nos mantiene insatisfechas y la noción que de que las cosas no avanzan o por lo menos no por el camino que quisiéramos, es una de esas vainas con las que no deseo volver a lidiar. La próxima vez que me ponga a criar, será a mis hijos.

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  • Celoso:¿”Te celo porque te quiero”? Nada. Me celas porque eres inseguro; porque “él que las hace las imagina” o la más común porque tienes metido en tu chip mental la idea de que porque somos pareja de pronto yo “te pertenezco”. Cualquiera que sea la razón no me interesa en lo más mínimo estar con una persona que necesita controlar cada uno de mis movimientos para sentirse seguro de nuestra relación. Juro que si vuelvo a escuchar a alguna peladita decir que no se pone tal falda o no sale sola “por que el novio no la deja” me va a dar un paro cardiaco o voy a comenzar a repartir cachetadas en vez de consejos. Es cierto todos sentimos celos, celitos digo, que son naturales y sanos, pero la necesidad de sentirse reafirmados constantemente por la pareja termina por apagar la llama de cualquier relación, por más incendio que sea.

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  • Infiel: En este no soy objetiva (bueno en los anteriores no mucho tampoco) no tengo idea de si una persona que ha sido infiel cambie o no, imagino que si porque como humanos tenemos la capacidad de hacer casi cualquier cosa que nos propongamos, siempre que la queramos realmente, el problema es si realmente quiere y no toma mucho análisis pensar que un infiel que es perdonado una y otra vez no sólo no quiere cambiar, sino que tampoco tiene que hacerlo. El dolor que se siente descubrir que la persona que amas te es infiel es algo que no le deseo a nadie, si va a cambiar o no, es algo que prefiero que descubra su próxima pareja.

getout

De todas estas relaciones maltrechas aprendí un montón, y sin lugar a duda de sus experiencias saqué valioso material para escribir y aconsejar, en gran medida parte de quien soy hoy en día se la debo a los hombres que han estado en mi vida, o por lo menos a las experiencias que viví a su lado. Ahora, si pudiera darle sólo un consejo a mi futura hija sería que cuide su corazoncito y se mantenga lejos de este tipo de relaciones.

Foto: Shutterstock

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